El Costo Invisible de No Elegir
- RICARDO AMARILLAS
- hace 5 días
- 1 Min. de lectura
Elegir implica riesgo. Pero no elegir también. Y ese riesgo suele ser más difícil de detectar.
La postergación, la ambigüedad y la evasión de decisiones complejas generan un desgaste silencioso. No provocan crisis inmediatas, pero erosionan la claridad. El equipo percibe la falta de dirección. La cultura se vuelve difusa. La confianza se diluye.
No elegir mantiene abiertas todas las opciones, pero debilita la identidad. La marca comienza a reaccionar en lugar de decidir. Se adapta a cada presión sin integrar una lógica propia. El corto plazo se impone como única referencia.
Las marcas con alma reconocen que no decidir también es una decisión, y casi siempre es la más costosa. Entienden que elegir no garantiza éxito, pero no elegir garantiza desgaste.
La claridad no surge de tener todas las respuestas, sino de atreverse a tomar posición. Incluso cuando esa posición implica corregir el rumbo más adelante.





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