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Abramos la conversación.

La Ética no es un Área, es un Comportamiento

En muchas organizaciones, la ética se delega. Se asigna a un departamento, se formaliza en códigos, se comunica en políticas internas. Todo eso es necesario, pero insuficiente.

La ética no vive en los documentos. Vive en las decisiones.

Se manifiesta en cómo se negocian los contratos, en cómo se fijan los precios, en cómo se responde ante un error que podría ocultarse. En cómo se trata a quien no tiene poder de negociación. En lo que se hace cuando nadie está observando.

Las marcas con alma no entienden la ética como una función aislada, sino como un comportamiento transversal. No se activa solo en situaciones límite; se practica en lo cotidiano. No busca perfección moral, sino responsabilidad consciente.

Desde una perspectiva empresarial, la ética no es un freno al crecimiento, sino un marco que evita costos futuros. Las decisiones éticamente coherentes pueden ser más difíciles en el corto plazo, pero fortalecen la confianza, la cultura y la sostenibilidad a largo plazo.

Una marca no es ética por lo que declara, sino por lo que tolera.


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